Sombrero Pintado entra a la lista de Patrimonio de la Unesco

Recientemente se anunció que el arte de hacer pizza sería reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, durante la decimosegunda sesión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial en Jeju, República de Corea.

Su técnica de elaboración aspira a convertirse en Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, distinción que contribuye a la supervivencia de estas expresiones transmitidas de generación en generación. La combinación de tejidos le ha dado los nombres de sombrero de talco o sombrero pintao, como se conoce por las trenzas blancas de bellota, intercaladas con los tejidos de junco y chonta teñidos de negro.

La tradicional Alasita ("cómprame", en aymara), arranca cada 24 de enero.

Cocinar pizza es un arte y los promotores de éste son los "pizzaioli" italianos, maestros de la pizza, verdaderos artesanos que con sus manos moldean uno de los platos más apetecidos a nivel mundial. "Gracias por contribuir a salvaguardar la cultura ancestral del pueblo, ¡Jallalla la cultura de Bolivia!", escribió el presidente Evo Morales en cuenta en Twitter.

Los tejidos del sombrero pintao son totalmente artesanales, sin químicos ni fibras sintéticas; la materia prima se obtiene en la misma flora del área.

Como él, muchos cocineros encendieron sus hornos el jueves en esta ciudad del sur de Italia y ofrecieron gratis porciones de pizza a los transeúntes para celebrar el hito.

La práctica culinaria consiste en preparar en cuatro etapas la masa de una pizza y hornearla con fuego de leña.

Todos los diarios de circulación nacional aprovechan la fecha de inicio de la fiesta para publicar ediciones en miniatura, aunque con la diferencia de que difunden noticias jocosas o realizan sátiras a algún funcionario público que en los últimos tiempos tuvo algún desliz o es blanco de la crítica ciudadana. Tiene dos clásicas versiones: la Marinara con tomate, ajo, orégano y aceite y la más famosa, Margarita, con tomate, queso mozzarella, aceite y albahaca con los que consigue los colores de la bandera italiana. Pero tuvo que pasar casi un siglo para que salieran de Nápoles.

Con esa fiesta espontánea, los napolitanos confirmaban que el arte practicado por unos 3.000 'pizzaioli' sigue desempeñando "un rol esencial en la vida social y en la transmisión entre generaciones", tal como reconoce la Unesco.


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